Escribo esta entrada febril, enajenado, porque he tenido una revelación. No hablo de forma figurada para referirme a una de esas conclusiones que llegan tras años de arduo estudio y reflexión, como una máquina oxidada encajando sus engranajes para avanzar sólo unos centímetros entre el chirriar de las juntas y el romperse de las telarañas. Me refiero a una revelación en su sentido más literal, cuando los resortes del pensamiento se disparan ligeros, movidos con precisión por una mano divina. EL ESPÍRITU DE LA MÁQUINA.
Todo ha venido catalizado por esta noticia. Años de estériles discusiones entre iusnaturalistas y iuspositivistas se disipan, volátiles, como el humo de una hoguera que no nos dejaba ver LA VERDAD. Ahí se halla la fuente de todo derecho, ni en la libertad y su consiguiente responsabilidad, ni en la naturaleza divina del ser humano, ni en la evolución de los sistemas de organización social, ni en todas esas chorradas. EN PAJEARSE.
Matar a algo que se masturba tiene que ser delito, sí o sí... y así debe de venir reflejado en las Sagradas Escrituras... en algún versículo. He de revisarlo.
Rápido, traedme la declaración de independencia de los Estados Unidos de América y un tippex.
"Sostenemos como evidentes las siguientes verdades: que todos los que se masturban fueron creados iguales, que fueron dotados por su Creador con derechos inalienables, que son: la Vida, la Libertad y la persecución de la Felicidad..."
