jueves, 18 de octubre de 2012

El Ritual


Esta mañana fui al Departamento de Asuntos Económicos de la facultad, que en el pasado debió llamarse sencillamente "Caja" a juzgar por el roñoso cartel que aún colgaba en la puerta, para entregar nosequé facturas del grupo de teatro. La decoración de la sala la constituía un amalgama de objetos religiosos, kitsch y otros que, simplemente, hacían que te preguntases cómo demonios habrían podido llegar hasta allí. De esta forma convivían en las estanterías y escritorios: crucifijos, cuadros de santos y carteles de "el Papa Juan Pablo viene a verte" con peluches de rastafaris, cristales energéticos de los que se usan en mineraloterapia, figuritas de caniches decapitados e incluso una paellera. Lejos de mitigarlo, la presencia de esa miscelánea pagana no hacía más que potenciar el efecto sacro de las imágenes, añadiendo además un punto grotesco y una especie de atemporalidad.
La silla soltaba con cada movimiento mío una nube de polvo que se disolvía en el ambiente, ya de por sí cargado. "A ver si...". La señora sacaba las facturas de mi carpeta y lentamente las iba poniendo en un montón, pegando con celo aquellas que no tenían unas dimensiones de DIN-A4 a un folio en blanco. Una vez apiladas, comenzó a sumar los importes en una de esas antiguas calculadoras que van imprimiendo a medida que tú tecleas. Afectado quizá por el ambiente, nunca habría descrito su forma de trabajar como mecánica, había algo más detrás de aquel movimiento automatizado por la costumbre, era una actitud contemplativa, espiritual. La señora había ritualizado completamente su manera de trabajar. La solemnidad de sus movimientos, el olor a madera vieja, el rítmico sonido del papel imprimiéndose, todo me hacía sentir que estaba siendo testigo de una genuína forma de expresión religiosa.
La mujer se equivocó al sumar una cifra, pero en lugar de corregir su error y continuar por donde iba, lo borró todo con la expresión resignada del que tiene que tragar con los caprichos de un dios al que es fiel. Devolvió a la pila su orden original y empezó otra vez desde cero, la ceremonia lo requería.
Pronunció una cifra que no recuerdo, metió las facturas en un sobre y lo cerró. "Esto ahora yo se lo doy al Decano y a ver si..."

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