Esto no es un blog abortista, aunque la idea del aborto
siempre llamó mi atención. Hay algo de ilusiones rotas en un feto abortado,
algo de frustrado, algo de idea dejada medias que no ha terminado de ser. Hay
abortos de 34 años, tíos que andan a dos patas y que son abortos, incluso a mí mismo la
muerte me convertirá en bebé aborto, truncando mi desarrollo, y si no habéis nacido ya abortados, a vosotros también. Pero me estoy desviando. ¿Dónde acaba el
resultado de un aborto? Pero no de uno de esos tan modernos de ahora, tan asépticos,
burocratizados, limpios y en la camilla de un hospital; no, no, yo me refiero a
uno de esos de toda la vida, de los de patada en la tripa, sin anestesia y
clandestinos. Eso acaba en el vertedero, en la basura.
En la basura está la salvación. ¿Hay algo más inspirador que
un vertedero? Los románticos eran unos gilipollas que se inspiraban en los
cementerios cuando un cementerio no es más que un vertedero de hombres, un
vertedero disfrazado, cuyas estructuras de cemento alzamos para separar nuestros
restos orgánicos de los demás, para darnos una falsa importancia. Un cementerio
es un cubo de basura con esmoquin. Yo meo en las tapias de los cementerios y
paso solemne ante las puertas enrejadas de los vertederos, murmurando una
oración. La basura es libre porque carece de dignidad y de valor, nunca lleva
corbata, no está atrapada bajo los preceptos dictatoriales de lo bello, es lo
más honesto del mundo.
Esto es este blog, el cubo de la basura que será
el destino de todos mis abortos. Un blog de cosas sin salida. Porque la basura
es la salvación, pero no nos lleva a ninguna parte. No busques respuestas en la
basura porque la basura es el objetivo último, es la gran respuesta.
Aquí sólo hay mierda.
“In trash we trust”
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