martes, 6 de noviembre de 2012

Los anuncios que nunca serán.

En lo que llevamos de 2012 hemos perdido ya a los mayores vestigios políticos de la transición y el franquismo, a los perfectos modelos de las dos españas: Don Manuel Fraga y Don Santiago Carrillo.
Además de decir que ya quedan dos personas menos -de las muchas que tienen que morirse- para que podamos estudiar la Guerra Civil como fenómeno histórico, podría hacer un análisis exhaustivo de lo que estas pérdidas significan para la sociedad española, pero mi naturaleza me orienta más hacia lo estúpido e intrascendente, así que lo que voy a hacer es mostraros las increíbles posibilidades que el tiempo ha negado al mundo del marketing y la publicidad. Contemplad, con la pena del que piensa en un niño que jamás nacerá, los anuncios que nos arrebató la muerte.



Tendría que ser el anuncio de una fábrica que distribuyese sólo a tiendas de la zona nordeste de la Comunidad de Madrid, algo muy local, pero no me digáis que el eslogan no tiene gancho. Yo compraría mi ropa de abrigo allí seguro.


Una fragancia para el caballero de toda la vida, algo así como Varon Dandy pero con mucho más carácter. Ese olor a vino, a incienso de catedral, a sexo a pelo, ese olor ya perdido entre spas y salas de depilación láser, forzado a entrar en una botella grande de cristal -los frascos pequeños son para perfume de mujer- y listo para ser liberado con sólo presionar el dosificador. Maravilloso.

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