Estos días estoy un poco liado con los exámenes parciales, pero trasteando por los cajones de mi escritorio he encontrado un recorte de periódico con un artículo que me pareció realmente interesante en su momento. El artículo en cuestión describe el funcionamiento interno de la mafia siciliana y lo firma un tal Francesco Sfrorzato, periodista vallisoletano que escribió decenas de reportajes a título póstumo tras infiltrarse durante dos años en la organización y ser finalmente descubierto y ejecutado –supongo que por elloestá escrito enteramente en pasado-. Lo publicó La Voz de Algete en su número del mes de Septiembre en el año 2001, debido a su longitud sólo transcribiré un pequeño fragmento por si excita vuestra curiosidad y queréis buscarlo en la hemeroteca:
“El capo se caracterizaba por ser un orador sumamente convincente, su capacidad de sugestión era tal que, en ocasiones, al reprendera algún esbirro por haber fracasado estrepitosamente en una empresa, éste sellegaba a convencer tanto de que dos matones acudirían a su casa entre las 3 ylas 4 de la madrugada para darle una lección, que al final acababa ocurriendo por puro efecto psicosomático; o al menos esa era la hipótesis más aceptada dentro de la mafia. Nadie era tan intelectualmente osado como para estableceruna relación entre la orden dada por el capo a los matones y la paliza al pobre diablo. Claro, que también habría que tener en cuenta la existencia de un sector especialmente influyente dentro del sindicato del crimen, un sector cuyos planteamientos alcanzaban cotas tan extremas que llegaban a negar la relación de causalidad entre el apretar el gatillo de su pistola y la salida de la bala, con la consiguiente muerte del receptor de la misma, por temor a caer en una falacia del tipo "post hoc, ergo popter hoc". Y aunque muchos sospechaban que sólo se trataba de una treta filosófica para mantener limpias sus conciencias, la realidad era que tal razonamiento les había evitado, en más de una ocasión, la pena de cárcel.
A pesar de los continuos conflictos internos, los mafiosos eran extraordinariamente fieles a su capo. Por ello, y ante el hecho científicamente demostrado de que todas las células del cuerpo se renuevan aproximadamente cada 10 años, pasado ese periodo de tiempo se acusaba al líder vigente de usurpador y se le ejecutaba, considerando que ya no era el mismo que tomó las riendas años atrás.

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